Soy estudiante de experimentos, sobre todo los que hacen sonreír. Se sonríe cuando se atrapa un sueño al vuelo, cuando se encuentra una mano amiga en medio de la lluvia.
Estudio a fondo la manera de mirar de quien me sonríe. Los ojos se entornan con ternura complacientes, o miran de frente sinceros y me contentan. Los ensayos son arduos, porque nos tomamos las cosas sencillas como diferentes, siendo nuevas a ojos del que sonríe.
Hace unas semanas mis experimentos eran sentidos como un lío entre dudas que sucumbían al abismo. Es increíble que después de la práctica de sonrisas me sienta mejor, más fuerte y menos vulnerable.


